No me mates, compatriota, no me mates...
Se escuchará mi grito aún en la tormenta.
Sabrán de mi agonía en muchas partes,
y miles pedirán por tu condena.
No me desaparezcas, no lo hagas...
Mi nombre se grabará en las piedras,
y ondeará el aire y las aguas.
El mundo preguntará por mí.
No lleves a mi hijo, no lo lleves...
Mis pasos en ronda sonarán en tu cabeza
y un emblema blanco quemará tu retina.
Nadie callará mi voz.
No raptes a mi niño, no lo hagas...
Sangre en torbellino aturdirá mis venas
y saldré a buscarlo donde sea.
No dormirás tranquilo.
No me mates, no lo lleves, no tortures...
Morirá tu alma, te llevarán a juicio,
te escupirán en masa, escandalizarás al cielo.
Y millones, sin consuelo, llorarán ausencias.
Serás culpable de la congoja
que cada 24 de marzo mojará palabras,
y por siempre serás quien ha causado
este dolor terrible, esta tristeza gris, amarga.
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